¿Por qué escribir?

Dice Houellebecq en Ampliación del campo de batalla:

Si no escribo lo que he visto sufriría igual; y quizás un poco más. Un poco solamente, insisto en esto. La escritura no alivia apenas. Describe, delimita. Introduce una sombra de coherencia, una idea de realismo. Uno sigue chapoteando en una niebla sangrienta, pero hay algunos puntos de refenrecia. El caos se queda a unos pocos metros. Pobre éxito, en realidad.

¡Qué contraste el poder absoluto, milagroso, de la lectura! Una vida entera leyendo habría colmado mis deseos.

Ojalá pudiese leer sin descanso, deborar libros uno tras otro e ir saltando de historia en historia como Willy Fog en su vuelta al mundo, teniendo el placer de conocer a nuevos personajes como si se tratara de una fiesta de Truman Capote donde debes dibujar en tu cabeza quien se encuentra tras la máscara.

-¿Por qué dejar de leer y pararse a escribir?

Leer es la droga más potente que he probado. Como con todas las drogas ocurre, al final del recorrido tus compañeros de vagón se han convertido en fastasmas; te encuentras solo, dirigiéndote hacia un gran espejo y en el último momento, cuando parace que vas a chocar, el vagón se detiende frente al espejo. Ahí estáis: tú y tus fantasmas. La evasión, el entretenimiento y la diversión funcionan, por un tiempo, pero dejan paso al poso y la reflexión, un mensaje oculto entre dos tapas.

Entonces, ¿Por qué escribir? Para ordenar los fantasmas como jerseys en el armario; para reconocerte cuando llegues al espejo; para evitar caer.

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Concurso de microrelatos Calle del Sol 2015

A continuación se presentan los dos relatos que he enviado como participante del VIII concurso de microrelatos Calle del Sol. En mi caso estan basados en dos fotografías pertenecientes a la serie ganadora del concurso de fotografía del año pasado. Los textos no podían sobrepasar las 150 palabras.


Billete de ida

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Observó la muerte entre sus manos, el cielo ya le esperaba arriba.

Toda una vida recto como una viga, sosteniendo la divina estructura, sin queja alguna. Había renunciado a todos sus sueños de adolescencia: las chicas bonitas, ser una estrella del rock, las copas y trofeos que se reparten en la barra de un bar los viernes y sábados noche, un Cadillac descapotable para dejarlo todo atrás…

Entonces dudó. Se preguntó si no habría sido mejor vivir en vida que esperar a un reservado tras la muerte; si todo lo que había dejado sin hacer en el camino le volvería más tarde como un boomerang o se alejaría por el cielo como una cometa sin dueño.

No existía tanta diferencia entre aquel cráneo y él: faltos de existencia y llenos de vacío; faltos de convencimiento y llenos de fe; faltos de vida y llenos de muerte.

Huérfanos

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La noticia estaba en todos los telediarios de la mañana. Todos estaban en shock, se habían enterado por la radio, difícil desayuno. Podías sentir a kilómetros el miedo en los hilos de voz que se susurraban entre ellos para atarse juntos a una gran cruz de madera. Aquella ola era demasiado grande como para que ninguna fortaleza milenaria levantada sobre papel de fumar le pudiera hacer frente.

-¿A quién rezar cuando ya no hay esperanza?

Tanto tiempo meditando y no se habían parado a pensar en ello; daba igual, tampoco habrían encontrado una respuesta en sus manuales, no hay mayor ciego que el que siempre mira igual.

La ciencia lo había conseguido: Dios no existe.

-La vida sigue pero… ¿Qué va a ser de nuestra existencia? Se preguntaron.