¿Por qué escribir?

Dice Houellebecq en Ampliación del campo de batalla:

Si no escribo lo que he visto sufriría igual; y quizás un poco más. Un poco solamente, insisto en esto. La escritura no alivia apenas. Describe, delimita. Introduce una sombra de coherencia, una idea de realismo. Uno sigue chapoteando en una niebla sangrienta, pero hay algunos puntos de refenrecia. El caos se queda a unos pocos metros. Pobre éxito, en realidad.

¡Qué contraste el poder absoluto, milagroso, de la lectura! Una vida entera leyendo habría colmado mis deseos.

Ojalá pudiese leer sin descanso, deborar libros uno tras otro e ir saltando de historia en historia como Willy Fog en su vuelta al mundo, teniendo el placer de conocer a nuevos personajes como si se tratara de una fiesta de Truman Capote donde debes dibujar en tu cabeza quien se encuentra tras la máscara.

-¿Por qué dejar de leer y pararse a escribir?

Leer es la droga más potente que he probado. Como con todas las drogas ocurre, al final del recorrido tus compañeros de vagón se han convertido en fastasmas; te encuentras solo, dirigiéndote hacia un gran espejo y en el último momento, cuando parace que vas a chocar, el vagón se detiende frente al espejo. Ahí estáis: tú y tus fantasmas. La evasión, el entretenimiento y la diversión funcionan, por un tiempo, pero dejan paso al poso y la reflexión, un mensaje oculto entre dos tapas.

Entonces, ¿Por qué escribir? Para ordenar los fantasmas como jerseys en el armario; para reconocerte cuando llegues al espejo; para evitar caer.

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